Ante emergencias, acudir a expertos: Antonio Lazcano

jorge bravo coronavirusEsta entrevista se publicó en mayo de 2009 con motivo del brote A(H1N1) en México. En ese momento las redes sociales no tenían el impacto que tienen ahora, pero los errores se siguen reproduciendo.

Aciertos y errores identifica el científico Antonio Lazcano en la comunicación gubernamental durante la epidemia por influencia humana. Pero el discípulo de Alexander Oparin y especialista en la evolución de la vida no sólo es crítico con la autoridad, sino también con los medios, los partidos y la sociedad: ninguno le otorga a la ciencia el valor que merece.

“Una de las grandes fallas de la Secretaría de Salud (SSA) fue la comunicación social, extraordinariamente deficiente. Cuántos enfermos, muertos y cómo estaban distribuidos por sexo y edad eran preguntas que todos se hacían, que la autoridad tenía y no proporcionaba”, asegura el biólogo Antonio Lazcano, quien integró un equipo multidisciplinario para estudiar el virus A(H1N1).

El investigador de la UNAM se hace eco de la directora de la Organización Mundial de la Salud, Margaret Chat, quien afirmó que “las enfermedades nuevas se conocen mal”, lo cual se reflejó en el manejo informativo y en la cobertura periodística.  “Hay que analizarlo fríamente. Una epidemia es un fenómeno muy complejo desde el punto de vista médico, social, económico, político e ideológico. Una epidemia es la suma de tragedias individuales. Los especialistas en salud deben tener el papel predominante en estudiar y analizar el fenómeno.” Y sostiene que medios, gobierno y sociedad no han reflexionado sobre el papel de la ciencia; “en ocasiones dan explicaciones metafísicas, moralistas o incompletas”.

–¿Cuáles fueron los aciertos y deficiencias de la comunicación?

–Fue afortunado enfatizar la labor relevante de médicos, enfermeras y personal de salud, porque eso refuerza la confianza de la población en los profesionales. Al decirlo el secretario de Salud, José Ángel Córdova, no exageraba. Otro acierto fue insistir en las sencillas medidas de prevención, que efectivamente ayudan a controlar la epidemia.

Refiere que sobre el primer mensaje el jueves 23 de abril a las 23:00 horas, “no había de otra. Hay quien dice que fue demasiado tarde porque la gente no se enteró. Pero había que hacerlo en ese momento. Todo es un reflejo del miedo irracional que despierta un enemigo poderoso que no podemos ver. Pero había que cerrar las escuelas y los restaurantes. Eran medidas indispensables para cortar la cadena de transmisión”.

Avala que el gobierno no haya dado a conocer los nombres de los fallecidos, por respeto a la privacidad. “Todo mundo protesta y con razón de cómo un sector del gobierno chino trató a los mexicanos. Pero también es criticable la exclusión social de la que han sido objeto familiares de los enfermos o fallecidos.”

Entre los errores comunicativos, el especialista detecta que la SSA, al principio, fue incapaz de distinguir entre influenza estacional, humana y de subsanar la confusión de cifras de contagiados y fallecidos. Y explica las razones estructurales: “el Estado ha ignorado a la sociedad y la trata como si fuera menor de edad, incapaz de comprender la realidad. Durante 71 años el PRI estuvo lejos de contarnos la realidad completa, y después tuvimos seis años de bufonada con Vicente Fox. La gente tiene una desconfianza natural hacia lo que viene del poder. A pesar de todo, la respuesta de la sociedad fue admirable”.

Sostiene que el aparato de salud pública ha ido desmantelándose a partir de los últimos gobiernos del PRI, con la idea de que el Estado es muy grande y es necesario privatizarlo. Además hay que sumar la crisis económica, las prioridades que no corresponden a las de la sociedad y la corrupción: el resultado es un sistema de salud deficiente y sin cobertura universal.

Respecto de si México y Felipe Calderón están salvando a la humanidad, Lazcano considera que “es un discurso triunfalista, irritante y cursi; pero dentro de todas las limitaciones, se reaccionó con prontitud para que el problema no se extendiera. Hasta donde se sabe México no ocultó información, inmediatamente dio la alerta y dijo que había una emergencia sanitaria”.

antonio lazcano

–¿Cómo debió actuar el Estado?

–Apelar de inmediato a la comunidad de virólogos. Conocer no sólo los recursos de la SSA, sino las capacidades del país, incluidos los laboratorios especializados en la UNAM, el IPN y otros. Debió buscarse una suma de esfuerzos. Aparecieron los secretarios de Hacienda, Trabajo y Economía con afirmaciones y previsiones, pero lo hizo tardíamente el secretario de Agricultura y Ganadería, Alberto Cárdenas, cuando era evidente que había preocupación por la producción porcina y aviar, no sólo en términos de posible contaminación, sino porque son modos de vida de muchas personas.

Recomienda apelar a figuras públicas como el entrenador Javier Aguirre o el rockero Alex Lora, más conocidos que el secretario de Salud. “Si se les pide un anuncio para que la gente use tapabocas en el Metro, se lave las manos y no se automedique, habrá sectores de la sociedad que hagan caso de las indicaciones.”

–¿El regreso a la cotidianeidad fue oportuno?

–Regresar a lo cotidiano, que no a la normalidad, fue una decisión que no se tomó a la ligera. Es muy triste que la población crea que porque el asunto está bajo control, ya se terminó y entonces deja de usar tapaboca y de lavarse las manos. Es el reflejo de una mentalidad centralista del gobierno y la sociedad que olvidan que México es una nación. La gente ve distante lo que ocurre en Jalisco o San Luis Potosí. Cuando la epidemia se extienda por África se verá como un incidente y no como una tragedia de proporciones mayúsculas que nos puede ocurrir de nuevo.

Evolución y cultura

Lazcano sostiene que, más allá de mitos y desconfianzas, el problema es real: “no hay que magnificar la tragedia ni disminuir su impacto, hubo fallecidos y la epidemia se extiende a otros países”.

Seguidor de Charles Darwin y de su teoría del origen de las especies, Lazcano explica que la evolución no tiene ni objetivos ni metas, sólo produce resultados. “La evolución va a originar entidades biológicas con características nuevas; si eso afecta a los humanos, es algo que no se puede predecir. La gente tiene que entender que así como tenemos una epidemia estacional, se pueden producir otras de manera constante. Hay un elemento cultural que también tiene que ver con la automedicación. Los mexicanos no distinguimos entre gripe, catarro e influenza. Hemos vivido bajo la ilusión del poder de los antibióticos sin darnos cuenta que la biósfera evoluciona y produce patógenos todo el tiempo.”

Explica que en México el virus pudo haber mutado hacia una forma más letal que facilitara su transmisión entre humanos. Cuando surge un nuevo patógeno es extremadamente agresivo. El número de muertes que ocasionó en México, y no en otros países, se debe a que el virus atenuó su agresividad con el paso del tiempo, o bien, las cepas se debilitaron al trasladarse a otros lugares.

Competencia informativa

El profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM afirma que, al principio, la coordinación entre los gobiernos capitalino y federal no fue afortunada. Pero después “me dio mucho gusto que el Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, acudiera con el presidente a Los Pinos, porque admitió la necesidad de coordinación real, rápida y eficaz. Ese fue el gesto político. La realidad es que el sector salud de la capital estaba coordinado con el sector federal”.

Reconoce que el gobierno merece ser criticado, pero también la sociedad y los partidos, poco atentos a este tipo de fenómenos. “Los partidos no habían incluido los problemas de salud pública en sus programas, y ahora los incorporan de manera improvisada, además de medrar con la tragedia. Es real que el gobierno no apoya la investigación científica, pero los partidos, medios e intelectuales tampoco le prestan atención. Quedé atónito con el silencio de un sector del PRI que no se pronunció; con el apoyo acrítico del PAN a las acciones del gobierno; y aún más cuando el senador Ricardo Monreal (PT) dijo que era una PANdemia. Fue una irresponsabilidad abominable.”

–¿Y el papel de los medios?

–Pasado el shock inicial, los medios se acercaron a los especialistas para buscar información precisa, aunque no fue suficiente. Eso fue admirable, una autocrítica y un cambio de conducta. Los medios se acercaron a la comunidad científica antes que la autoridad. Hubo una libertad enorme y el compromiso por divulgar la información. A veces los medios no distinguen entre un charlatán, un especialista y la autoridad que habla con sustento científico. El problema fue que en México se duermen burócratas o periodistas y se despiertan como expertos. Hagamos de la ciencia parte de la cultura y la identidad nacionales. Tomémoslo como una lección para en el futuro evitar el alarmismo y acudir a los especialistas.